El Museo de Pollença
Sala de Cerámica, Mandala

Sala de Cerámica

Las obras de restauración llevadas a cabo en el año 1985 en este edificio, dieron lugar al descubrimiento -en los dos arcos que hay en el ángulo de acceso principal al claustro- de las piezas aquí expuestas. Las ollas se encontraron en los cuatro ángulos de cada uno de los arcos, parece ser que su función era la de economizar energías y material en el proceso de construcción. Se trata de unas ollas de barro cocido, muy ligeras, las cuales -debido a su fragmentación- pasaron de tener una función doméstica a una función constructiva . Se desconoce el taller de elaboración, pero es muy probable que la gran mayoría proceda de un mismo centro de producción. Con respecto a la cronología, esta nos viene dada por la del propio edificio, que fue empezado a finales del siglo XVI y acabado durante el siglo siguiente. Aunque sean unas ollas de época moderna, sus formas cerámicas son herencia de las medievales, y muestran una clara similitud con las de tipo árabe. Así tenemos las ollas de tipología globular, que parecen perdurar durante toda la edad media, y que son de dimensiones pequeñas. Las ollas de cuello plano son una evolución de las árabes, pero estas presentan unas rendijas en la parte superior del borde, que probablemente servían para encajar la tapadera. Con respecto a las piezas de cuello levantado, son características de la época moderna.

Mandala

El mandala es una figura geométrica de desarrollo concéntrico y forma simétrica en qué todo equidista y se subordina respecto de un punto axial. Utilizada por su significación mística y simbólica tanto en la edificación arquitectónica como en las producciones plásticas budistas.

Simboliza todo el universo, explica su aparición, su existencia y su desaparición. En todos los mandalas la manifestación principal se encuentra en el centro; su objetivo es servir de instrumento de contemplación y de concentración, y sus elementos básicos son figuras geométricas contrapuestas y concéntricas. El círculo exterior tiene siempre una función unificadora.

MANDALA DE KALACHAKRA

Este mandala fue regalado al pueblo de Pollença por su Santidad el Dalai-Lama el año 1990 con motivo de la visita que hizo para clausurar la exposición de Arte Budista Tibetano que se realizó en la Iglesia del Convento.
De entre los mandalas, el de Kalachakra -también denominado rueda del tiempo- es uno de los más complicados. En su creación interviene el Dalai-Lama, como figura máxima del budismo; él es el encargado de poner los primeros granos de arena: rojos, blancos y negros en el centro, en representación del cuerpo, el habla y la mente de Buda; después los monjes continúan colocando la arena. Para memorizar los cientos de símbolos representados en el mandala de Kalachakra y aprender a colocar la arena se necesitan al menos dos años de intenso estudio; siempre se empieza por el centro. Se utilizan dos tipos de herramientas: el chakpu para los detalles y la shinga, de madera, para colocar la arena y corregir los errores. Una vez acabado, y cuando ya ha servido como ceremonia de iniciación al Tantra (enseñanzas budistas), es destruido por el Dalai-Lama como parte de un ritual y la arena es tirada al agua (el lago o el río más próximo, el mar...).

El mandala de Kalachakra muestra un total de 722 deidades y el palacio dónde habitan. Las cuatro caras de la deidad denominada Kalachakra representan las cuatro áreas cuadradas de diferentes colores, que se refieren a los cuatro puntos cardinales. El palacio dónde viven las deidades es el cuadrado más grande del interior del círculo. Este edificio tiene cinco niveles, cada uno de ellos es un cuadrado con cuatro muros; en mitad de cada muro hay una entrada. Por orden, desde el exterior hacia el interior, encontramos: el primer nivel que es el del cuerpo, el segundo que es el del habla, el tercero el de la mente y el cuarto el de la sabiduría. Tras este nivel encontramos el que hace referencia a la felicidad. Aquí dentro está representada la flor de loto con ocho pétalos, en el centro de la cual se encuentra Kalachakra con la diosa Vishavamata. Es la unión de la sabiduría y la compasión. En el mandala hay muchos más símbolos; los doce animales que traen flores de loto están asociados a los doce meses del año; las bandas circulares que rodean el cuadrado representan los cuatro elementos: la banda amarilla representa la tierra, la blanca -con olas- el agua, la roja el fuego y la gris el viento. La más exterior representa el espacio y la conciencia.

Este mandala fue regalado al pueblo de Pollença por su Santidad el Dalai-Lama el año 1990 con motivo de la visita que hizo para clausurar la exposición de Arte Budista Tibetano que se realizó en la Iglesia del Convento. Es el segundo que se realizó, el primero fue destruido cómo es habitual.

El mandala de Kalachakra fue elaborado por Tenzin Sopa y Tenzin Dana, monjes procedentes del Monasterio de Namgyal (Himalaya indio).


 Atilio Boveri